Fabricantes de dispositivos y editoriales se preparan para la llegada definitiva de los libros electrónicos. El consumo de música, cine y libros ha evolucionado vertiginosamente en los últimos años. Sin embargo, mientras que los formatos digitales se impusieron hace tiempo en el mercado discográfico y cinematográfico, el mundo editorial parece habérselo tomado con más calma. La lectura digital no ha calado con la misma facilidad entre los consumidores y los fabricantes de libros electrónicos mantienen una batalla en la que ninguno logra imponerse.
Los e-books representan el futuro de la lectura aunque por el momento, en Europa, los lectores siguen prefiriendo el papel. Probablemente, la lectura digital encuentra sus principales obstáculos en los propios fabricantes y en las editoriales, pues estas últimas todavía no han dado el salto definitivo a la edición digital y siguen lanzando sus novedades en papel. Si bien es cierto, actualmente resulta sencillo encontrar en internet páginas donde descargar libros digitales, principalmente clásicos u obras sin derechos de autor.
Otra dificultad que han encontrado los libros electrónicos antes de asentarse en el mercado son las tabletas. Las prestaciones que incorporan estos dispositivos frente a los e-books de tinta electrónica empiezan a convencer más a los consumidores porque permiten la lectura pero también la conexión a internet para hacer consultas o revisar las versiones pdf de la prensa.
A pesar de esta lenta penetración, las asociaciones de editoriales auguran un buen futuro para la lectura digital, pues el crecimiento de las ventas de estos productos ha sido en los últimos años continuo y positivo y se espera que para 2012 se produzca definitivamente una eclosión. Incluso hay quien señala, como la Asociación Americana de Editores, que la venta del libro en papel ha caído en el último año un 3% en todo el mundo. Este descenso se deba probablemente a factores como la crisis y, por supuesto, a la implantación del libro digital, sin embargo parece que el libro en papel está todavía muy lejos de desaparecer, al contrario de lo que sucedió con otros soportes como el cedé, que pronto cedió su lugar.
Imagen de Marcel Mooij
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