Si Dan Brown no inventó el thriller esotérico ni la literatura basura, muchos, en un mundillo editorial obligado a bregar con la inminente mutación digital del sector, se preguntaban si el publicitadísimo lanzamiento de su nueva obra, The lost symbol, constituiría la inauguración oficial de la era del ebook. Y es que, a pesar de las reticencias iniciales del editor, que temía que las ventas en soporte digital -a un precio inferior- fagocitaran las del libro en papel, el libro salió ayer a la venta en ambos formatos. La obra de Brown, destinada, probablemente, a un éxito planetario, se considera pues un baremo idóneo para medir la implantación del libro digital o ebook entre los lectores.
Así no es de extrañar que haya cundido en la blogosfera, entre los entusiastas del ebook, la noticia de que Amazon ha vendido más ejemplares en formato digital para su lector Kindle que en formato tradicional en papel.
Algunas consideraciones pueden matizar las conclusiones entusiastas que algunos medios han extraído de la noticia.
La ventaja indiscutible del ebook sobre el formato tradicional es la inmediatez, pues, desde cualquier lugar con conexión a internet, el usuario puede adquirir el libro en cuestión de segundos; la librería online más eficiente del mundo precisará al menos de 24h para hacerle llegar un libro en papel a su domicilio, y no es de extrañar que, entre los 700 000 usuarios de Amazon que han creído útil adquirir su dispositivo Kindle, los fans de Brown hayan decidido utilizarlo para ser los primeros en comprar su esperadísima nueva obra, en lugar de esperar a recibir la edición en papel. Si no compran libros Kindle los propietarios de un Kindle, ¿quién va a hacerlo?
Pero hay más: resulta que el espectacular anuncio de Amazon no tenía en cuenta los ejemplares en papel que habían sido reservados con antelación, y con la inclusión de los cuales la balanza se invierte, prevaleciendo las ventas tradicionales sobre las digitales.
Según el New York Times, del millón de ejemplares que Knopf Doubleday vendió ayer en total sobre una tirada de 5 millones, menos del 5% corresponderían a ventas de ebooks.
El anuncio de Amazon no es baladí pero Dan Brown, que no revolucionó el thriller, tampoco ha revolucionado el mercado. Lo que es incontestable es que la mutación digital ya está en camino, y esa mutación inquieta a un sector editorial que no se ha embarcado en ella por espíritu revolucionario sino cruzando los dedos por que no se le escape de las manos como a la industria musical: cabe suponer que, a partir de ahora, las ventas digitales de cada best-seller serán escudriñadas, como las de The lost symbol, en busca de buenos augurios.
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