Viendo la profusión de escandinavos en las listas de éxitos de novela negra parece que los escalofríos prometidos por el thriller no son lo mismo si no son de puro frio. Y es que los muchachotes del norte son tan austeros como un verano escandinavo, pero por muy sosos que parezcan más de uno -véase Mankell- tiene mucho que ofrecer. Otros, no nos engañemos, se benefician de la moda fría, porque si hubiera que encender el interés de un lector curtido con sus tramas o su estilo aquello acabaría peor que La hoguera de Jack London.
La moda del frío, claro está, no es nueva -si no, no sería una moda-, y ya antes de que se hablara del thriller escandinavo, nuestros amigos ingleses, tan duchos ellos en el asesinato como una de las bellas artes, profesaban el culto al northern noir, léase a la novela negra ambientada en el tenebroso norte proletario de las islas.
Yorkshire es el corazón de esas tinieblas. Un naufragio industrial de tintes dickensianos, minado por el paro, el alcohol y la corrupción policial. Y cercado por esos páramos en los que nadie olvida que, en los años setenta, existieron ogros que mataban a los niños (Ian Bradley y Myra Hindley).
En esa región y en sus noches lúgubres reinó también los años setenta Peter Sutcliffe, el destripador de Yorkshire, que protagonizó la mayor y más larga cacería humana organizada por la policía británica. Uno de los chavales que creció amedrentado pero fascinado por esa versión del coco fue David Peace, que según cuenta en las entrevistas, dedicó buena parte de su infancia a llevar sus propias pesquisas sobre el caso.
De esa obsesión de infancia nació el Red Riding Quartet, un prodigioso cuarteto de novelas negras sobre la investigación policial del caso del destripador de Yorkshire, que a Peace le sirve para hacer una fascinante autopsia de la corrupción policial en Leeds en los años setenta.
Periodistas, prostitutas, justicieros, asesinos, promotores y policías corruptos protagonizan una de las más fascinantes pesadillas literarias de los últimos tiempos, de la que el canal británico Channel 4 ha hecho este año una soberbia adaptación televisiva. La revista Granta nombró a Peace entre los 20 novelistas británicos más prometedores: sus siguientes novelas, Tokio año cero y En la ciudad ocupada, han cumplido con creces esas promesas.
Las obras de Peace ya están traducidas a numerosos idiomas: el español, inexplicablemente, no se encuentra entre ellos. Por favor: ¡que alguien traduzca a Peace!
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